
Matanza extremeña
Es evidente que los tiempos van cambiando, que lo que hace una década se veía de una manera, el paso de los años consigue que el prisma con el que se mira cambie radicalmente. Eso ha ocurrido con muchas tradiciones o costumbres, como también con muchos términos que hoy en día pierden la cualidad de ser «políticamente correctos». Desde la Casa de Extremadura se ha querido recordar una manera de vivir, o de subsistir (más bien), de la sociedad extremeña de décadas anteriores, tampoco tan lejanas en el tiempo.
Se celebra este evento a principios de enero, la fecha no es elegida al azar, sino que se concreta en uno de los meses más invernales, y por ende, de acusada bajada de las temperaturas. Cuando la población extremeña, que dependía de la actividad ganadera, tenía que sacrificar un cerdo, lo hacía entre los meses de noviembre a enero y una vez finalizado el engorde de los animales con bellotas.
Es pues la celebración de la «Matanza» una fecha en la que se vuelve a recordar un estilo de vida rural, en el que las familias se reunían en torno al marrano para poder preparar productos que les diera de comer durante unos meses o quizás venderlos y ganar algo de dinero… Lo cierto es que, en esos días, las familias compartían esas labores y se estrechaban vínculos afectivos que enraizaban con la idea de comunidad, de entidad de un pueblo, aprovechando los recursos naturales que la tierra y el entorno les ofrecía.
En la Casa de Extremadura se continúa esa costumbre fijando una fecha cada año, por el mes de enero, en el que nuestros socios y socias, junto con amigos y conocidos, tienen la oportunidad de visitar un pueblo extremeño para pasar un día de convivencia y rememorar aquella forma de vida, hoy convertido, casi, en un viejo ritual.
